Carta abierta a un cura asesinado. Editorial 11 de Mayo de 2014

Carta abierta a un cura asesinado. Editorial 11 de Mayo de 2014

 

ppperfil“Señor, perdóname por haberme acostumbrado a chapotear en el barro. Yo me puedo ir, ellos no.

Señor, yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no, porque nadie puede hacer huelga con su propia hambre.

Señor, quiero morir por ellos, ayúdame a vivir para ellos.

Señor, quiero estar con ellos a la hora de la luz

Padre Carlos Mugica

 

Esta carta, Padre,  Hermano, te la escribo a vos, y desde vos, le escribo a todos los asesinados, presos o perseguidos por las dictaduras, los grupos paramilitares, o la policía, y en tu nombre y en tu memoria los evoco a todos.

Hoy se cumplen cuarenta años de aquel dia en que te asesinaron, Carlos, Padre Carlos Mugica, el que se decidió por la única opción que admite un cristiano, la opción por los pobres, los desposeídos, los olvidados.

Olvidado fuiste vos también, por el sistema judicial argentino que jamás emitió una sentencia sobre los que te regaron el cuerpo de balas al salir de dar misa en la parroquia San Francisco Solano. Hoy otro Francisco encabeza la Iglesia y tal vez recuerde tu obra y tu martirio. Buena oportunidad tal vez para que esa misma Iglesia deje de callar lo que calló y proteger y encubrir a quienes se enseñoraron en el poder absoluto bendecidos por la casi totalidad de la jerarquía de entonces y la que la siguió hasta hoy.

Vos, Carlos hijo de un ministro conservador, un perfecto oligarca por origen, sabías que te iban a matar y a pesar de eso elegiste el camino de la lucha, la de tus profetas, como vos los llamabas, Che Guevara, Camilo Torres Restrepo y Dom Hélder Cámara, como el propio Cristo, el de los pobres, el que echó a los mercaderes del templo.

Porque vos sabías, y así lo pronunciaste en tus sermones: «Como dice la Biblia, hay que dejar las armas para empuñar los arados» y esa fue literalmente tu sentencia.

Porque toda América estuvo atravesada de crímenes de sacerdotes militantes de la paz y la justicia como vos, como Monseñor Arnaulfo Romero, como sus seis compañeros salvadoreños asesinados por paramilitares los dos Ignacios, Amando, Segundo, Juan Ramón y Joaquin o los cinco curas chilenos asesinados por Pinochet, los hermanos Joan, Miguel, André, Antonio y Gerardo o las hermanas francesas Alice y Leonie, monjas francesas asesinadas en Argentina, y como tantos otros militantes de la paz y la justicia en toda nuestra América.

Aunque no ha sido sólo por tierras americanas dónde las bestias se ensañaron con los sacerdotes comprometidos, como nos recuerda el historiador Iñaki Goiogana sobre dieciseis sacerdotes vascos asesinados durante el Franquismo  y ratifica Emilio Silva, presidente de la Asociación para la recuperación de la memoria Histórica: «La Iglesia fue uno de los grandes soportes de la dictadura y muchos religiosos que no comulgaban con el régimen se marcharon exiliados». Claro que la Iglesia ha canonizado  a muchos sacerdotes asesinados por el bando Republicano, no así lo ha hecho con los religiosos víctimas del franquismo, haciendo gala de un estándar de doble moral muy significativo y al parecer escasamente cristiano por lo desigual.

Esa iglesia tuerta, esa iglesia del privilegio, del ocultamiento nunca fue TU Iglesia.

Hoy Carlos, hermano te partiría el corazón ver como cuarenta años después ser «villero» sigue siendo un estigma, cómo se llega hasta la exaltación del linchamiento de los pibes por la televisión y los diarios, cómo persisten las condiciones de injusticia, la pobreza material que provocan los pobres de espíritu, y la indolencia de casi todos nosotros.

Hoy Carlos, hermano, vos que naciste en un palacio del Barrio Norte, descansás en la villa miseria, en la parroquia que ayudaste a construir con tus manos, en esa villa miseria, tan cerca del Barrio Norte y tan lejos de Dios, pero tan cerca del pueblo.

 

 

Juan Carlos Romero López

Director Editorial

http://www.facepopular.net/juancarlosromerolopez/

El Chaski: @jcromerolopez

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