De inseguridades, linchamientos y medios de comunicación

De inseguridades, linchamientos y medios de comunicación

Cada fabricación de enemigos en la historia ha conducido a matanzas. ¿Quién llevó a cabo los genocidios? Las agencias del sistema penal”.

Cuando el sistema penal no tiene capacidad para canalizar la venganza, se sale de su cauce, pierde su dimensión y se convierte en agente del genocidio”.

Cada vez que vemos que el poder punitivo se orienta hacia un enemigo estamos manejando un poder que potencialmente es genocida”.

La construcción de cada enemigo va precedida de un discurso, que tiene una característica de legitimación, de neutralización de valores”.

Si nada interrumpe el proceso de selección de un enemigo, eso invariablemente termina en matanza”.

Eugenio Raúl Zaffaroni

 

-Usted habló varias veces de “linchamientos mediáticos”. ¿Podría ampliar ese sintagma, si se quiere usando algún ejemplo de la actualidad?

-En general no hablo mucho de “linchamiento mediático” sino de creación de “chivos expiatorios”, que son sobre quienes se canaliza la venganza y terminan siendo exterminados en las masacres. Pueden ser los judíos en la época de los nazis, los armenios en el imperio otomano, los indios en América y, aunque no se llegue a tanto, hoy los árabes y extracomunitarios en Europa, los negros en USA, los adolescentes de barrios precarios en Latinoamérica. Son un grupo al que se muestra como fuente de todos los males y peligros y, a la larga, si nada detiene el proceso, terminan masacrados.

De un reportaje a Eugenio Raúl Zaffaroni

 Autores clásicos como Hobbes, Locke, Rousseau, plantean la existencia de un Contrato Social que permite a las sociedades humanas la salida del estado de naturaleza, del ejercicio de la violencia de todos contra todos y que a cambio de esa pérdida de libertad que implica la cesión de derechos se gana en ordenamiento y convivencia. Pareceríamos estar asistiendo en estos días a un eventual quiebre del pacto social por parte de una porción de la sociedad argentina.

En las últimas semanas venimos observando la aparición de un fenómeno aparentemente inédito pero que, como mostraremos abajo, es resultado de un lento proceso de visibilización por parte de los medios de comunicación de un fenómeno que es frecuente en ciertos estratos de la población pero que permanece invisibilizado al tratamiento sistemático de los medios de masas, porque, como veremos abajo, no es que carecen de cobertura sino que no son de interés para tratarlos en forma sistémica.

En poco tiempo el sentido común reaccionario, azuzado por lo que podríamos llamar una “demagogia punitivista”[1] parecería haber pasado de afirmar “quien mata debe morir”[2] a matar, de facto, a quien delinque, por mano propia y sin más trámites.

Específicamente me estoy refiriendo a los acontecimientos que pueden definirse como linchamientos de presuntos delincuentes a manos de ciudadanos corrientes que se han sucedido como una casada por efecto contagio, a partir del asesinato de David Moreira a manos de una turba en Rosario.

Observando las crónicas policiales vemos, en una rápida ojeada, que el fenómeno que observamos asombrados hoy es una práctica que ya existe de hecho, particularmente en casos de presuntas violaciones, veamos algunos ejemplos:

a)      5/12/2012:  Mar del Plata: linchan a un violador[3]

b)      27/06/2011: Vecinos enardecidos lincharon y dejaron sin un ojo a un violador[4]

c)      28/08/11: Linchan a presunto violador en Paraná[5]

d)      25/01/2014: Casi linchan al presunto abusador de sus hijastras[6]

e)      20/5/2013: Quisieron linchar a un menor que robó en la calle[7]

En algunos otros casos, los medios de comunicación han denominado a estos ejercicios de la violencia colectiva sobre una persona inerte y desarmada “Justicia por mano propia”, veremos:

a)      24/5/2013: Conmoción por dos casos de justicia por mano propia[8]

b)      23/8/2012: Otro caso de justicia por mano propia[9]

c)      07/06/2011: Tres detenidos por un caso de justicia por mano propia[10]

d)      18/11/2007: Se produjo un nuevo caso de justicia por mano propia[11]

e)      05/12/12: Justicia por mano propia: Rapta a una nena para violarla y los vecinos lo matan a golpes[12]

En los últimos 15 días se han producido más de media docena de estos casos en los cuales una turba vuelca la violencia colectiva sobre una persona, ¿Qué es lo que está pasando en la sociedad para que estos hechos, antes esporádicos se vuelvan una práctica sistemática?.

Como sabemos, ningún hecho social depende de una sola causa, no hay un determinación directa que permita explicar un fenómeno social desde una sola arista, existe una multiplicidad de factores concomitantes que coinciden y dan forma al hecho en sí, pasaremos a relatar algunos de ellos.

En principio, y apelando a la primera frase de este trabajo, en apariencia, podríamos decir que estamos en presencia de una situación, si no de ruptura, al menos de debilitamiento del Contrato Social ya que por el los hombres acuerdan ceder su derecho al ejercicio de la violencia para dejarlo en manos del poder del estado. Este es un proceso histórico que Norbert Elías llamará “Proceso Civilizatorio”, según él, las sociedades irán cediendo progresivamente el uso de la violencia individual y lo van relegando cada vez más en manos del aparato especializado del estado; para Weber “Por estado debe entenderse un instituto político de actividad continuada, cuando y en la medida que su cuadro administrativo mantenga con éxito la pretensión al monopolio legítimo de la coacción física para el mantenimiento del orden vigente[13]

En la revista Crisis N° 48, publicada en noviembre de 1986, aparece un artículo donde se reproducen datos de una investigación conducida por el sociólogo Roberto Jacoby en la cual se explora el miedo en la sociedad argentina, destacaremos sólo unos pocos datos:

Cuando se pregunta cuales son las imágenes, palabras o ideas que aparecen cuando se menciona la palabra “miedo”, el 62% respondió “Ser agredido o amenazado físicamente”, entre ellos el 53,23% afirmó desde un ámbito no institucional.

El 97% definió el “afuera” como el territorio de la amenaza mientras que un 88% definió el “adentro” como territorio de la protección

Cuando se habla de las personificaciones sociales de la amenaza un 14% define a los “delincuentes”, en aquel momento había una idea difusa respecto a la amenaza, un 61% la definía proviniendo de colectivos que Jacoby englobó como “Clase Peligrosa” (Patotas, Exaltados-Descontrolados, Intoxicados, Delincuentes, Pobres); mientras que otro 21% en otra categoría llamada “Gente de Malas Cualidades”…

Respecto a las Personificaciones Sociales de la Protección, sólo un escaso 14% lo ubico en la categoría “Lo institucional político-social” dentro de los cuales el 50% afirmó “uniformados” y el otro 50% “autoridades/poderosos”

Como se desprende de estos datos, hace 30 años, la principal fuente de amenaza no eran los “delincuentes” sino grupos más difusos, lo que si se puede observar es ya una gran falta de confianza en las instituciones como personificación de la protección, lo cual implica una tendencia anómica (falta de confianza en las leyes e instituciones) y de desprotección del estado ante la amenaza.

Myrna Bilder parte sus investigaciones de la contradicción que encuentra entre, por un lado, la tendencia de la sociedad a avalar el castigo a los perpetradores del genocidio desde el terrorismo de estado durante la última dictadura militar y, por otro lado, las demandas de endurecimiento de la represión de los delincuentes comunes.

La autora muestra que en los últimos años, particularmente desde finales de la dictadura genocida, hace ya 30 años se viene produciendo, un proceso de consolidación de la tendencia de reemplazar la figura del “otro”, de la amenaza “externa” desplazándose del “subversivo” (cuyo estereotipo era el joven pelilargo y barbado) al “delincuente” (cuyo estereotipo es el joven pobre). Muestra como, desde el discurso del orden se construye y consolida un discurso que construye como “externalidad” al otro, como despolitiza y criminaliza tanto a la militancia política construida como “subversión” en los 70, como a los jóvenes marginalizados que luchan por la inclusión en los ’90, los piqueteros, y cómo en un caso se criminaliza la lucha política y en otro la lucha social, el discurso de la inseguridad es tributario y heredero de esa criminalización; hoy en día es una mirada clasista que construye a los jóvenes “NiNi”[14] como los nuevos delincuentes, por ello iniciativas como el Plan PROGRESAR del Gobierno Nacional son importantísimas porque buscan la inclusión social de estos jóvenes desplazados, marginalizados y estigmatizados.

Ambas categorías de víctimas son privadas de la justicia, en ambos casos se justifica su ejecución extrajudicial, invirtiendo los términos de la carga, la presunción de inocencia, en ambos casos hay una privación de la justicia, pero hay una diferencia sustantiva, en el caso de la dictadura militar se montó una estructura y se hizo en forma sistemática y clandestina desde el aparato de estado, en el segundo caso los linchamientos se producen por turbas espontáneas y a plena luz del día, en el primer caso hay premeditación y planificación, en el segundo espontaneidad y oportunismo; los primeros son guiados por la ideología del colonialismo y la fuerza de ocupación contra un enemigo interno “el subversivo”, en el segundo caso son guiados por una ideología reaccionaria y racista también contra un enemigo interno “el negro”, en ambos casos esta ideología es sostenida y fomentada desde los aparatos ideológicos de la hegemonía, particularmente los medios de comunicación de masas. Estos estereotipos se ven reforzados por los medios de comunicación que tienen un papel preponderante en la construcción de lo que se conoce como “inseguridad”.[15]

Los medios construyen una dicotomía, un nosotros-ellos lo suficientemente abstracto como para que nadie se pueda sentir totalmente incluido o totalmente excluido, los colectivos tienen en ese discurso límites difusos: De un lado, nosotros, “la gente”; del otro lado ellos (¿si “nosotros” somos “la gente” ellos son una cosa?), los “delincuentes subversivos”, los “delincuentes”… Adicionalmente, ese “sustantivo colectivo” abstracto, “la gente”, es, por un lado y al mismo tiempo, un lugar de inclusión y de exclusión, mientras que por otro lado es un no lugar desde el cual se dice lo “políticamente incorrecto”, un lugar desde el cual se enuncia lo que se piensa pero no se puede decir abiertamente poniéndolo en boca de otros y de nadie al mismo tiempo.

En esta lógica parece haber dos tipos de víctimas, La Víctima, la que pertenece al nosotros, así, destacada y en singular; y las víctimas, la que pertenece al ellos, la invisible. René Girard en su libro La Víctima Y Lo Sagrado[16] hablará de la existencia de este segundo tipo de víctima que cumplen un rol social, ese rol es importantísimo porque mediante esas víctimas, la sociedad desplazará simbólicamente la violencia que amenaza con lastimarla, a ese chivo expiatorio lo llamará “víctimas sacrificial ó víctima propiciatoria”;[17] que tiene que tener particulares condiciones de indefensión –su victimario se asegura así la imposibilidad de retaliación posterior de la violencia que ejerce. De igual forma, León Rozitchner, en sus obras Perón, Entre La Sangre y El Tiempo[18] y Freud y El Problema Del Poder,[19] hablará de este mismo proceso pero el referirá a la angustia ante la muerte y cómo ciertos sujetos, particularmente los perpetradores de genocidios, desplazan su angustia ante la muerte en la materialización de la muerte del otro, en el homicidio del alter. Esto es importante viendo los fenómenos de violencia colectiva, el linchamiento de supuestos delincuentes sería el desplazamiento de la violencia hacia el otro.

Michel Foucault en su libro Vigilar Y Castigar[20] muestra cómo se ha pasado del “espectáculo punitivo” al encierro disciplinario, esto, siguiendo a Elías, será un avance del proceso civilizatorio, Elías ve como tal el proceso mediante el cual las sociedades humanas se alejan cada vez en mayor grado del ejercicio de la violencia particular como forma de resolución de conflictos. Avance que hoy, en nuestro país, parece tener un retroceso relativo por varias cuestiones, la primera y principal serán los actos colectivos de violencia que estamos atestiguando en las últimas semanas.

Los medios de comunicación de masas han adquirido hoy en nuestra cultura audiovisual un lugar primordial como Aparatos Ideológicos productores y reproductores de pensamiento funcional a la dominación hegemónica. Podemos indicar al respecto, y siempre alrededor de los medios, particularmente la televisión, el desarrollo, al menos durante la década menemista de una cultura voyeurista en la cual los límites entre lo público y lo privado se vuelven difusos y, finalmente, el lugar de “fiscal” que asumen los medios en aquella década caracterizada por un estado ausente, los medios de comunicación, asumiendo la representación de la sociedad civil se colocaron en el topos de la superioridad moral y se hicieron eco de la denuncia de los reclamos de algunos sectores marginados mientras, por otro lado se volvían difusores de las ideologías privatistas del neoliberalismo noventista.

Todo esto fue logrando que lentamente los hechos delictuales, que, en última instancia son hechos privados, se vuelvan públicos mostrándolos como “rupturas al pacto social”. Esto se vio agravado con la generalización de la TV por cable y la transmisión de los mismos delitos ad-infinitum en 5 ó 6 canales simultáneamente eso va instalando poco a poco la idea que los delitos son muchos más de los que realmente son.

Por otro lado, la cultura voyeurista hace que mientras más sangrientos sean los hechos, más interés generan, entonces los medios de comunicación, por un lado estimulan la curiosidad morbosa y por otro se justifican con el “interés del público y el derecho a informar”.

Una parte de la población de nuestro país, especialmente de las grandes ciudades está sufriendo un marcado proceso de anomia, proceso que se ve fortalecido por lo que algunos autores como el Dr. Eugenio Zaffaroni han dado en llamar “demagogia Punitiva”.

Vemos entonces, que si para todos estos autores una de las características del estado es el monopolio del uso de la violencia legítima, entonces, el uso de la violencia colectiva en manos de particulares es ilegítimo, no solo eso, sino que, al contrario de cierto discurso establecido por los medios de comunicación acerca de la “justicia por mano propia”, dejando implícitamente establecido que el ejercicio de la violencia por parte de particulares sería cierta forma de impartir justicia, el Juez de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Eugenio Raúl Zaffaroni, es muy explícito al opinar en forma contraria a dichas expresiones:

no se trata de ningún ajusticiamiento, se trata de un homicidio calificado que el artículo 80 del Código Penal establece que tiene una pena de 30 años llamada perpetua en nuestro texto vigente“.

Esto no es legítima defensa, se trata de homicidio calificado, doblemente calificado: por alevosía y por ensañamiento, una cosa es detener al sujeto y otra es matar a alguien a patadas”.[21] 

El mecanismo al que asistimos en estos años tiene el siguiente formato:

a)      Existen inmensas operaciones de prensa –posiblemente financiadas con el dinero de empresas que “venden” seguridad- acerca de la inseguridad permanente. A principios de los ’90 asistimos a un bombardeo mediático de igual tenor respecto a la “ineficiencia” de las empresas públicas que fue el sustento ideológico de las políticas privatistas del gobierno menemista

b)      Existe, paralelamente, una campaña de calumnias tendiente a la descalificación de funcionarios del estado para crear la imagen de corrupción generalizada, lo que derivará en la sospecha que el ejercicio de las garantías procesales y los derechos constitucionales son un mero hecho de corrupción judicial.

c)      Todo esto se ve acompañado de una tercer campaña mediática centrada en lo que conocemos como demagogia punitiva y que plantea básicamente que la única solución posible a la “inseguridad” que nos aqueja es el endurecimiento de las penas y la carencia de piedad con el que delinque (mano dura).

Todo esto va siendo caldo de cultivo para la aparición de “especialistas” cuyo único fundamento será ese sentido común reaccionario que provocarán un hecho de masas como las marchas del binomio reaccionario Blumberg-Bergman quienes lograrán por un lado, a través de la movilización de masas y por otro de la acción de diputados coaccionados por el temor o la demagogia, la introducción de modificaciones sin sentido al código penal, nacidas de esta demagogia punitiva.

El fogoneo permanente desde los medios y el calentamiento de los humores sociales, particularmente a través del enojo de sectores reaccionarios con el gobierno nacional, y el aprovechamiento de políticos oportunistas de ese enojo, para seguir haciendo demagogia punitiva –Massa y su oposición a la reforma del Código Penal- y, por otro lado, la incomprensible reacción corporativa del sistema judicial coronado por la defensa de la Corte Suprema de Justicia de la Nación frenando la reforma del sistema judicial, han terminado por establecer el prejuicio que “no hay justicia”, creando una situación de anomia en vastos sectores de la sociedad.

Si a esto le sumamos las campañas respecto a la “ausencia del estado”, “cárceles con puertas giratorias” y otra serie de fantasías del sentido común reaccionario nos hallamos ante un cóctel explosivo. Todo esto conduce, por un lado a la generación de un enemigo estereotipado, omnipresente y por otro lado a la generación de la sensación de estar inertes ante ese “enemigo poderoso” dado el estado de “indefensión” que genera el “abandono” del estado… Odio y anomia son el caldo de cultivo para la generalización de los actos de violencia colectiva contra presuntos delincuentes.

Existe un azuzamiento desde los medios de comunicación como parte de la demagogia punitiva, hay canales orgánicos por los cuales la justicia se expresa, estos canales están pautados y reglados, existen garantías procesales y convenios internacionales de respeto a los derechos humanos que regulan todo esto y que Argentina ha firmado, a pesar de toda esta demagogia, hace poco leía que, muchos jóvenes detenidos permanecen presos sin condena, esto también forma parte de la demagogia punitiva y es la contracara de los linchamientos porque también se trata de una denegación de justicia.

Las cárceles están llenas de jóvenes que pertenecen al mismo sector social marginado el cual se ve privado de la justicia, de la presunción de inocencia, sólo por pertenecer al grupo estereotipado. Esto se ve agravado por otra situación que merecería un trabajo aparte y que en realidad queda invisibilizado por la demagogia punitiva y el discurso de los medios, me refiero, por un lado a la perenne violencia institucional sobre estos sectores sociales –los casos de “gatillo fácil” u homicidios institucionales- y por otro lado la complicidad de las policías con los delincuentes. Casos como los de los desarmaderos, prostíbulos y garitos que pagan “protección” a la policía en la Provincia de Buenos Aires, los recientes casos de “narcopolicías” en Santa Fe y Córdoba; o las denuncias de que dentro del Sistema Penitenciario existen funcionarios que permiten “salir a robar” por un porcentaje.

Por otro lado, la justificación de ciertos sectores sociales acerca que los linchamientos se producen por el hartazgo social ante la impunidad, es una falacia que esconde tras de sí el racismo clasista, dado que existen casos paradigmáticos de delitos de afectación social cuyos autores, famosos, han quedado impunes ante la acción de la justicia, sin embargo no existe ni siquiera un intento de linchamiento de ninguno de ellos (Menem por la explosión de la fábrica de Rio Tercero, De la Rua por los muertos del 19 y 20 de diciembre de 2001, Duhalde por los asesinatos de Kosteki y Santillán, Macri por las escuchas ilegales a ciudadanos, etc.; Cavallo por la estatización de la deuda externa, banqueros por las incautaciones de depósitos en 1989 y 2001; el Padre Grassi por violación, etc…); esto sólo bastaría para probar que los linchamientos, tras el discurso del hartazgo social en realidad esconden el “racismo clasista”.

Una cosa más respecto a la denominación de “justicia por mano propia”, existe cierta tolerancia cómplice en la cobertura que le dan los medios de comunicación y la complicidad del sentido común respecto a delitos en los que están implicados sectores medios, existe cierta tolerancia con, por ejemplo las practicas delictuales de sustracción de identidad de menores (adopciones ilegales anotando como hijo propio a un niño adoptado), la evasión impositiva –y los llamados a la desobediencia civil como, por ejemplo, el que realizara Marcos Aguinis llamando en el programa de Mariano Grondona a no pagar impuestos) y, finalmente el llamar “justicia por mano propia” al asesinato y, justamente, la negación del derecho a la defensa en juicio; un delito adicional a este que se tolera es la apología del delito que se lleva a cabo desde los medios de comunicación en los cuales se defiende y justifica esta nueva “moda” delictual. Eduardo Feinmann ante la muerte de un ladrón afirmó “uno menos”, viendo lo que ocurrió en Rosario con David Moreira podemos afirmar que en esa ciudad “Hay un ladrón menos y 50 asesinos más”…

Estas transformaciones las podemos resumir en una frase, en la época del absolutismo el castigo era un espectáculo punitivo llevado a cabo por el estado en forma pública; con el advenimiento de la sociedad disciplinaria se pasó al encierro como método dominante de castigo el cual es llevado a cabo por el estado en forma privada, dejó de ser un espectáculo; los linchamientos que estamos viendo en este tiempo parece ser una forma privada de castigo ejercida públicamente.

Foucault resumió las formas de castigo, desde el punto de vista del poder soberano, en una frase: El poder absolutista deja vivir y hace morir, el biopoder hace vivir y deja morir; hoy hay personas que parecen guiadas por el principio que el estado debe “dejar vivir” y ellos “hacer morir” cuando, por un lado reclaman la no intervención del estado subsidiando a los sectores más necesitados, mientras que por otro lado participan gustosos en los linchamientos.

La construcción de esa figura de “víctima sacrificable” de la que habla Girard, en nuestras sociedades parecería haberse coagulado alrededor de la figura social del “negro” (jóvenes de barrios carenciados), los cuales son construidos estereotípicamente como los “delincuentes” por el imaginario de la clase estigmatizadora, las víctimas, son los, en términos de Giorgio Agamben, Hommini Sacri (plural de Hommo Saccer) sacrificables, pueden ocupar el lugar de víctima sacrificialsin que exista’ delito alguno. Son a la vez semejantes pero diferentes, las dos condiciones de la victima sacrificial según Girard, son humanos (esa es la semejanza) pero son culpables –o sospechosos de ser culpables- y esa es la diferencia; ergo, pueden ser eliminados sin culpa. Ya fueron juzgados y condenados ex-ante por su pertenencia.

Colocados fuera de la sociedad, cosificados y deshumanizados, cabe preguntarse respecto de cuál es la responsabilidad de la sociedad, particularmente de esa sociedad construida por el discurso de la demagogia punitiva que no incluye sino que expulsa, marginaliza aún más y si no será, como plantea Noailles, que: La inseguridad tan temida es un tipo de venganza retaliatoria de una clase sometida a la violencia cotidiana de ser testigo de la opulencia a la que jamás va a tener acceso. La inseguridad parece que es el precio a pagar por acumular riquezas en una sociedad desigual. Quien quiera exigir seguridad deberá ante todo pensar qué ha hecho para generar una sociedad más justa y, por lo tanto, más segura.[22] Y esto pensado en una sociedad como la moderna la cual, como muestran Adorno y Horkheimer en Diálectica del Iluminismo,[23] se centra en la compulsión al consumo, en el “goce” y nunca en la satisfacción de necesidades. El “prestigio social” viene dado por la capacidad de consumo, ergo, para poder “pertenecer” y “marcar diferencias” se debe acumular riquezas, y para ello es necesario diferenciarse de alguien que no pueda consumir, ese es el origen del mutuo odio entre La Víctima (aquella con la que empatizan los medios de comunicación, aquella en la cual “nos matan a todos”) y las víctimas (aquella que es descripta en las crudas palabras del comunicador Eduardo Feinmann al enterarse del asesinato de un presunto delincuente: “Dios me perdone pero, uno menos”).

Finalmente, es claro que el hecho de la existencia de la demagogia punitiva no es la solución, ya Foucault hablaba en Vigilar y Castigar que las cárceles no son otra cosa que escuelas de delincuentes, existen países en donde se aplican otro tipo de sanciones para delitos menores y que han alcanzado niveles exitosos de reinserción social, ejemplos Holanda y Suecia[24]; no todo es mano dura y endurecimiento de las penas, no se puede dejar el castigo en manos del sentido común reaccionario.


[1] Por tal entendemos a un discurso cuya concepción del delito y el castigo parece estar guiado por el discurso del “orden” pero que en realidad se trata de un discurso sin fundamento teórico ni ético y lo único que busca es el rédito político que le pueda redituar entre los sectores más radicalmente reaccionarios, un discurso sumamente peligroso porque tras la excusa “es lo que la sociedad quiere”, como si los delitos y su castigo fuese materia opinable y no de especialistas, fogonean y radicalizan las posturas del sentido común en una dirección reaccionaria, prejuiciosa y racista.

[2] http://www.perfil.com/espectaculos/Para-Susana-Gimenez-el-que-mata-tiene-que-morir-20090227-0040.html

[3] Diario Tiempo Argentino: http://tiempo.infonews.com/2012/12/05/policiales-92238-mar-del-plata-linchan-a-un-violador.php

[4] Diario El Siglo: http://www.elsigloweb.com/nota/72258/vecinos-enardecidos-lincharon-y-dejaron-sin-un-ojo-a-un-violador.html

[5] Diario El Argentino: http://www.diarioelargentino.com.ar/noticias/95941/linchan-a-presunto-violador-en-parana

[6] Diario Popular: http://www.diariopopular.com.ar/linchan-a-violador-quilmes-t

[7] Diario La Nación: http://www.lanacion.com.ar/1583667-quisieron-linchar-a-un-menor-que-robo-en-la-calle?sitio=desktop

[8] Diario Ámbito Financiero: http://www.ambito.com/noticia.asp?id=689928

[9] Diario El Litoral: http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2012/08/23/opinion/OPIN-01.html

[10] Diario Tiempo Argentino: http://tiempo.infonews.com/notas/tres-detenidos-caso-de-justicia-mano-propia

[11] Diario Infobae: http://www.infobae.com/2007/11/18/349576-se-produjo-un-nuevo-caso-justicia-mano-propia

[12] Diario Clarín: http://www.clarin.com/inseguridad/Justicia-Rapta-violarla-vecinos-golpes_0_823117685.html (este caso aparece, como vemos más arriba, en el diario Tiempo Argentino, lo interesante de contrastar es que mientras para Tiempo Argentino se trató de un linchamiento, para Clarín fue “Justicia por mano propia”)

[13] WEBER, Max: Economía y Sociedad. Esbozo de sociología Comprensiva I. México: FCE. 1974. Págs. 43-44.

[14] Jóvenes de barrios carenciados que ni trabajan, ni estudian y que son presionados y obligados por las policías para robar para ellos y por las bandas de narcotraficantes para venta callejera. Jóvenes “sacrificables”.

[15] Al respecto ver BRODSKY, Patricio: La Inseguridad Como Mecanismo de Control Social. Buenos Aires: Mímeo, Enero de 2012.

[16] GIRARD, René: La Víctima Y Lo Sagrado. Barcelona: Anagrama, 1985.

[17] La ganancia que se obtiene al depositar la violencia en la víctima sacrificial es que se trata de un individuo –ser humano o animal– que no es defendido por nadie y, por lo tanto, no hay peligro de una violencia recíproca que podría provocar una escalada de violencia que llevaría a la destrucción de la comunidad. Al depositar la violencia en una víctima sacrificial, lo que se obtiene es una descarga violenta sin el peligro de la retaliación. NOAILLES, Gervasio: Víctimas y VICTIMAS Publicado en diario Página 12 el 19/3/2009, en Internet  http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/psicologia/9-121759-2009-03-19.html (Consultado el 12/4/2014)

[18] ROZITCHNER, León: Perón, Entre La Sangre Y El Tiempo. Lo Inconsciente Y La Política. Buenos Aires: CEAL, 1985.

[19] ROZITCHNER, León: Freud Y El Problema Del Poder. México: Plaza y Valdés Ediciones, 1987.

[20] FOUCAULT, Michel: Vigilar y Castigar. Madrid: Siglo XXI Editores, 1986.

[21] ZAFFARONI, Eugenio Raúl: http://www.telam.com.ar/notas/201404/57563-no-son-ajusticiamientos-sino-homicidios-calificados-afirmo-zaffaroni-sobre-los-linchamientos.html

[22] NOAILLES, Gervasio: Víctimas y VICTIMAS Publicado en diario Página 12 el 19/3/2009, en Internet  http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/psicologia/9-121759-2009-03-19.html (Consultado el 12/4/2014

[23] ADORNO, Theodor y HORKHEIMER, Max: Dialéctica de la Ilustración. Buenos Aires: Editorial Sur, 1969.

[24] http://www.lanueva.com/sociedad-impresa/219767/holanda-y-suecia-cierran-c-225-rceles-por-falta-de-presos.html

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