DEVOLUCION DE TROFEOS DE LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA ( Jorge Dossi)

DEVOLUCION DE TROFEOS DE LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA ( Jorge Dossi)

Batalha_de_Campo_Grande_-_1871

Cristina Fernández de Kirchner emprende mañana un viaje histórico al Paraguay y con estas breves líneas procuramos recordar, aunque brevemente, uno de los acontecimientos mas infames en los que nuestro país haya participado.
Nos referimos a la denominada Guerra de la Triple Alianza, también conocida como Guerra del Paraguay o como la definiera el historiador Norberto Galasso, Guerra de la Triple Infamia.
En esta ocasión, lo hacemos para situarnos en el contexto de la visita que nuestra presidenta, realizará a la hermana República del Paraguay, con motivo de concretar, -entre otras cuestiones- la devolución de los trofeos de guerra que pertenecieran al presidente Francisco Solano López.
En el mes de septiembre de 2013, la presidenta había adelantado la intención de devolver esos trofeos de guerra.
El mobiliario que perteneciera al héroe nacional paraguayo se compone de un sofá, cinco butacas, dos sillones, una mesa, un escritorio, un espejo y un armario. Los mismos fueron adquiridos por López en Alemania y confiscados por la Aduana al terminar la Guerra de la Triple Alianza. Los elementos fueron rematados siendo adquiridos por Anarcasis Lanús que fuera legislador y emisario de Bartolomé Mitre en Paraguay.
La autenticidad de estas pertenencias fue verificada en relatos y registros históricos luego de una importante investigación.
Recién el 11 de febrero de 1985 el gobierno de Entre Ríos aceptó el legado de dichos muebles efectuado por la señora Juana Dorila Iraizoz, en 1969. Desde entonces esos muebles fueron expuestos en el Museo Martiniano Leguizamón.
El gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, en declaraciones a los medios ya había dado a conocer en agosto de 2013 la intención de restituir los bienes de Francisco Solano López “para pedir perdón desde lo simbólico por el daño que ocasionó a la gran nación paraguaya esa vergüenza nacional que fue la guerra de la Triple Alianza”.
Aquel gesto fue ampliamente valorado por funcionarios y diplomáticos paraguayos, que viajaron a la ciudad de Paraná, para constatar la autenticidad y el estado de conservación del patrimonio histórico.
Frente a una decisión política de tamaña envergadura, no podemos dejar de mencionar su antecedente, lo cual nos transporta en una línea de tiempo al 15 de agosto de 1954 cuando el presidente Juan Domingo Perón, se traslado a Asunción y, en nombre de nuestra patria, devolvió los trofeos que las tropas mitristas profanaron en la aniquilada tierra paraguaya.
Decía el General Perón entonces: «Vengo como un hombre que viene a rendir homenaje al Paraguay en el nombre de su sagrado Mariscal Francisco Solano López y hago llegar el abrazo del pueblo argentino a esta Patria tan respetable y tan querida. En nombre de esa amistad y de esa devolución del pueblo argentino, pongo en manos del mandatario de este pueblo, como las reliquias, el testimonio de nuestra hermandad inquebrantable».
. Mucho es lo que se ha escrito sobre aquella guerra. Como señala Felipe Pigna, “La guerra que enfrentó a la Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay, entre 1865 y 1870, respondió más a los intereses británicos y de acabar con un modelo autónomo de desarrollo como el paraguayo, que podía devenir en un «mal ejemplo» para el resto de América latina, que a los objetivos de unificación nacional y defensa del territorio proclamados por sus promotores”. (FELIPE PIGNA – EL HISTORIADOR – LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA)
Arturo Jauretche, también escribió sobre las nuevas condiciones de la libertad de comercio que en aquellos años, servían para destruir el pre-capitalismo de tipo artesanal que era el único que existía en países como Paraguay, por eso decía que a los niños, en la escuela, cuando le enseñan la historia oficial, no le cuentan que “Paraguay era una potencia entonces porque tenía tanto ferrocarril como tiene ahora, cuando aquí no había un metro, que tenía fábricas de armas, altos hornos, fábricas de vidrio, astilleros. Que en lugar de importar inmigrantes, mandaba a sus hijos a aprender la técnica de Europa, ingenieros, doctores, militares. Pero que esos hijos habían aprendido primero a ser paraguayos, de lo que tenían orgullo, orgullo que demostraron muriendo heroicamente el noventa por ciento de su población masculina en la guerra que vino despues” (ARTURO JAURETCHE – POLITICA Y ECONOMIA, PAG 125, PEÑA LILLO EDITOR, BS.AS. 1987)
El conflicto que terminó por enfrentar al Paraguay con la Triple Alianza, formada por Argentina, Brasil y Uruguay, tuvo su origen en 1863, cuando el Uruguay fue invadido por un grupo de liberales uruguayos comandados por el general Venancio Flores, quienes derrocaron al gobierno blanco, de tendencia federal y único aliado del Paraguay en la región.
La invasión había sido preparada en Buenos Aires con el visto bueno del presidente Bartolomé Mitre y el apoyo de la armada brasileña. El Paraguay intervino en defensa del gobierno depuesto y le declaró la guerra al Brasil.
El gobierno de Mitre se había declarado neutral pero no permitió el paso por Corrientes de las tropas comandadas por el gobernante paraguayo Francisco Solano López. Esto llevó a López a declarar la guerra también a la Argentina.
Brasil, la Argentina y el nuevo gobierno uruguayo firmaron en mayo de 1865 el Tratado de la Triple Alianza, en el que se fijaban los objetivos de la guerra y las condiciones de rendición que se le impondrían al Paraguay.
Hasta 1865 el gobierno paraguayo, bajo los gobiernos de Carlos Antonio López y su hijo Francisco Solano López, construyó astilleros, fábricas metalúrgicas, ferrocarriles y líneas telegráficas. La mayor parte de las tierras pertenecía al Estado, que ejercía además una especie de monopolio de la comercialización en el exterior de sus dos principales productos: la yerba y el tabaco. El Paraguay era la única nación de América Latina que no tenía deuda externa porque le bastaban sus recursos.
La participación argentina en la guerra respondía también al interés del gobierno en imposibilitar una posible alianza entre las provincias litorales y el Paraguay.
La guerra era para los paraguayos una causa nacional. Todo el pueblo participaba activamente de una guerra defensiva. Los soldados de la Triple Alianza peleaban por plata o por obligación. Esto llevó a los paraguayos a concretar verdaderas hazañas militares, como el triunfo de Curupaytí, donde contando con un armamento claramente inferior, tuvieron sólo 50 muertos frente a los 9.000 de los aliados, entre ellos Dominguito, el hijo de Domingo Faustino Sarmiento.
En nuestro país, la oposición a la guerra se manifestaba de las maneras más diversas, entre ellas, la actitud de los trabajadores correntinos, que se negaron a construir embarcaciones para las tropas aliadas y en la prédica de pensadores que, como Juan Bautista Alberdi y José Hernández, el autor del Martín Fierro, apoyaban al Paraguay.
En 1870, durante la presidencia de Sarmiento las tropas aliadas lograron tomar Asunción poniendo fin a la guerra. El Paraguay había quedado destrozado, diezmada su población y arrasado su territorio.
Mitre había hecho un pronóstico demasiado optimista sobre la guerra: «En 24 horas en los cuarteles, en 15 días en campaña, en 3 meses en la Asunción».
Pero lo cierto es que la guerra duró casi cinco años, le costó al país más de 500 millones de pesos y 50.000 muertos. Sin embargo, benefició a comerciantes y ganaderos porteños y entrerrianos cercanos al poder, que hicieron grandes negocios abasteciendo a las tropas aliadas.
Quizás la crudeza de las palabras del General Mitre, describiendo el significado del conflicto, constituyan la prueba más contundente del porqué había que destruir al Paraguay.
Decía Mitre: «En la guerra del Paraguay ha triunfado no sólo la República Argentina sino también los grandes principios del libre cambio (…) Cuando nuestros guerreros vuelvan de su campaña, podrá el comercio ver inscripto en sus banderas victoriosas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio han proclamado».
Transcurridos más de 143 años del fin de la guerra, la devolución de aquellos trofeos adquiere un simbolismo muy fuerte y constituye un motivo de orgullo para todo argentino comprometido con la unidad Latinoamericana.

 

1 (20%) 1 vote

Comentarios

comentarios

Categories: Patria Grande, Política