El Desarrollo Científico-Tecnológico durante el primer Peronismo

El Desarrollo Científico-Tecnológico durante  el primer Peronismo

En la anterior columna[1] analizamos la relación entre ciencia y peronismo a rasgos generales. En esta oportunidad retomamos una de las cuestiones pendientes: las políticas científico – tecnológicas del  “decenio peronista” (1946-1955).  Habíamos visto que, según Hurtado, el golpe del ’43 separó al sector académico del militar y productivo, y mientras el primero aspiraba solo a generar conocimiento, los otros buscaban el conocimiento aplicado. Por eso, mientras la CyT era cooptada por el peronismo, la comunidad científica vinculada a Houssay reclamaba autonomía (pero no desestimaba el financiamiento público) (Moledo, 2013).

El gobierno asignó un rol estratégico a la CyT, creando organismos, dotándolos de contenido social, vinculándolos al proyecto nacional. En esta nota  detallamos algunas de las principales cuestiones a considerar, sin la intención de ser exhaustivos. 

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Primer Plan Quinquenal (1947-1951)

Perón afirmó que la Argentina había obtenido en 1810 la libertad política, pero no la independencia económica. La industrialización diversificaría y complejizaría la matriz productiva (Scalise, Iriarte, s.d) y esto, a su vez, permitiría a la Argentina trascender al rol asignado en la División Internacional del Trabajo.  El Plan buscaba transformar la estructura socio-económica; reducir la vulnerabilidad externa (disminuyendo la deuda y nacionalizando los servicios públicos); mejorar el nivel de vida (mediante redistribución y obras públicas en sanidad, educación y vivienda); acelerar la capitalización industrial y desarrollar el sistema financiero local (para estabilizar la balanza de pagos). Así, el Estado asume una participación activa en la economía. (Gutiérrez Arias, 2009)  La CyT tienen una función social, puesto que deben involucrarse en el desarrollo. La educación superior también debe reorientarse; es por ello que el Plan la contempla (Título I, Capítulo III, subcapítulo II) y de sus planteos se deriva la Ley N° 13031 de reforma universitaria. (Falivene, Dalbosco, s.d)  

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Constitución Nacional 1949

La Constitución reconoce como derecho especial del trabajador la capacitación, dado que es necesaria la elevación de la cultura y la aptitud profesional. La sociedad debe estimular el esfuerzo individual proporcionando los medios para que todos puedan ejercer su derecho de aprender y perfeccionarse (C.N 1949, III, 37, I, 3).  Establece que el Estado protege y fomenta el desarrollo científico y advierte que, si bien su ejercicio es libre, debe atenerse a los deberes sociales de los hombres de ciencia. (C.N 1949, III, 37, IV, 5). La constitución del ’49 fue derogada tras el golpe. 

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Universidad

En 1947 se aprueba la Ley de Reforma Universitaria N° 13031. Su antecedente era la ley Avellaneda (1885), que regulaba el funcionamiento de la UNC y la UBA pero no contemplaba cuestiones como el rol de la universidad en la cultura y en la CyT, sino que se centraba exclusivamente en si debía manejar la universidad el Ejecutivo o los profesores. La ley 13031 (1947) incluyó 115 artículos que trataban temas como carrera docente, régimen de alumnado, tareas y objetivos universitarios, y financiamiento. Reconoció la autonomía universitaria para el fomento de la cultura, la investigación y la formación profesional (art. 1). Fue derogada tras el golpe de 1955 y se restituyó la Ley Avellaneda. (Broches, 2009)

Las principales medidas eran el ingreso irrestricto, la gratuidad y las becas, a fin de abrir la Universidad al pueblo, lo cual representaba toda una revolución socio cultural para la época. La gratuidad fue receptada en el decreto 29337 de 1949 (Broches, 2009). Durante el primer gobierno de Perón se coordinaron los planes de estudio, se unificaron las condiciones de ingreso a la Universidad, se crearon 14 nuevas universidades, se elevó el presupuesto desde 48 millones (’46) a 256 millones (’50). La gratuidad universitaria permitió que de 49 mil alumnos en 1946 se llegase a 96 mil en 1950.  Se estableció la dedicación exclusiva para permitir a los profesionales investigar. (Perón, 1951)

La Constitución del ’49 declaró que es responsabilidad de las universidades formar jóvenes en las ciencias al servicio de los fines espirituales y al engrandecimiento de la Nación, así como para el ejercicio de las profesiones y artes técnicas en función del bien común. Estableció la federalización de la educación superior, la valorización de la cultura local y la aplicación de la CyT al desarrollo nacional. Las universidades debían formar, en cursos obligatorios y comunes, al alumno para que conozca la realidad espiritual, económica, social y política de Argentina, su evolución y su misión histórica.  (C.N. 1949, art. 37, IV, 4)  Se estableció que el acceso a los más altos grados de instrucción es un derecho para los alumnos con capacidad y mérito, mediante becas y asignaciones familiares. (C.N 1949, art. 37, IV, 6)

 

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Importación de Científicos

Comastri (2009) considera que uno de los elementos característicos del modelo científico-tecnológico  peronista es la transferencia internacional mediante la cooptación de científicos alemanes en la posguerra, que era por entonces una meta de todos los países, por lo que las potencias aprovecharon su situación de privilegio para limitar el desarrollo de los demás Estados. El Acta de Chapultepec (1945)  obligó a los países americanos  a repatriar alemanes sospechosos de tener pasado nazi, aunque Estados Unidos violó en múltiples oportunidades lo acordado. Mientras que Argentina tuvo una política de competencia y oposición hacia Estados Unidos,  Brasil reconoció su liderazgo hemisférico, y esto se tradujo en beneficios económicos mediante los cuales fortaleció su industrialización y su incipiente liderazgo regional. Argentina ignoró las restricciones de Chapultepec y logró una mayor trasferencia cuantitativa (por la cantidad de expertos) y cualitativamente (por la relevancia internacional de los mismos). Su objetivo era cerrar (o disminuir) la brecha científico-tecnológica. Hubo una serie de dificultades o defectos del plan: la ISI no generó suficiente demanda de investigación como para sostener un polo científico local; la casi exclusiva participación estatal dificultó el desarrollo CyT; y hubo errores en la comunicación entre el experto extranjero y el equipo local, dado que no se preservó todo el conocimiento ni se buscó su reproducción.

Comastri (2009) analiza tres casos: Richter, Tank y Heisenberg. Richter  y su Proyecto Huemul fue trascendental debido a su magnitud y al potencial de la fisión controlada como fuente energía alternativa.  El desarrollo del proyecto, sus implicancias y su resultado (catalogado en general como “fracaso” o “fraude”) quedan pendientes para una próxima columna. Por lo pronto, si bien muchos hablan de “fracaso”, lo cierto es que el Instituto Balseiro y la CNEA surgieron en el marco de este polémico proyecto, y posteriormente lograron un gran desarrollo y reconocimiento mundial.  Otro caso fue Tank y el exitoso Pulqui, primer avión a reacción iberoamericano, quinto a nivel mundial. Finalmente, Comastri analiza la experiencia frustrada de Heisenberg (1946),  una de las figuras más relevantes de la física contemporánea (y mentor de un programa atómico nazi), quien no pudo viajar a la Argentina porque los aliados le negaron la visa. El objetivo de traerlo era crear un Instituto Radiotécnico, considerado estratégico por la Marina.

Desarrollo Institucional

En 1951 se crea, mediante decreto 9695, el CONITYC (Consejo Nacional de Investigaciones Técnicas y Científicas), antecedente del CONICET. Esta estructura, a su vez, integraba y perfeccionaba a otros organismos creados previamente para la ejecución de los Planes Quinquenales (como la Dirección Nacional de Investigaciones Técnicas de 1950). El CONITYC debía fomentar la investigación, formar científicos y técnicos para el desarrollo nacional.  Estaba encabezado por el Presidente, para gozar de mayor jerarquía institucional. Contó con prestigiosos miembros como Balseiro y Gaviola (física), Gamba (ingeniería nuclear) y Bussolino (astronomía). Debía fomentar el desarrollo del conocimiento mediante becas, programas de intercambio, cursos de especialización y perfeccionamiento, congresos científicos, subsidios y contribuciones especiales, promoción del uso de patentes industriales. También asesoraría al Poder Ejecutivo en sus políticas nacionales de CyT y organizaría el acceso al conocimiento mediante un Centro Nacional de documentación y un Censo nacional. (Scalise, Iriarte, s.d)   Como puede verse, la propuesta de este nuevo organismo era ambiciosa, estratégica y sin precedentes. 

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Decreto 10936/1950 – creación de la CNEA

En 1950 se crea la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y el Laboratorio de Investigaciones Nucleares en la Universidad Nacional del Tucumán. En 1951 se descubre el primer yacimiento de uranio del país (yacimiento “Papagayo”, Mendoza). En 1952 se compra un sincrociclotrón, y se comienza a extraer uranio del yacimiento “Agua Botada” (Mendoza). En 1953 se instala en Buenos Aires una planta piloto para la producción de uranio; se dicta el primer curso sobre reactores nucleares; comienza a funcionar el acelerador Cockroft-Walton; se aprueba la instalación del Complejo Fabril Córdoba; y se crea la cátedra de Química Nuclear en la UBA. En 1954 comienza la instalación de observatorios para medir la radiación cósmica en el país; se dicta el decreto 12205 según el cual CNEA pasa a depender de la Presidencia (lo cual muestra su carácter estratégico); y se inicia la operación del sincrociclotrón. En 1955 se firma un convenio con la UN de Cuyo para crear el Instituto de Física de Bariloche (hoy Instituto Balseiro); se dicta el primer curso de metalurgia; y comienza el dictado de la Licenciatura en Física.[2] 

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Segundo Plan Quinquenal (1952)

Este plan surge en un contexto de crisis, debido al deterioro de los términos de intercambio. Se propuso mantener el equilibrio de precios y salarios; estimular la economía; aumentar la inversión pública y privada en sectores estratégicos; continuar con la ISI; aumentar la productividad agropecuaria; incentivar la inversión externa; estimular las exportaciones; coordinar la política económica con la participación de empresarios y trabajadores; entre otras cuestiones (Gutiérrez Arias, 2009).

El objetivo fundamental en CyT sería crear las condiciones necesarias para su desarrollo en tanto  eran “instrumentos de la felicidad del Pueblo y de la grandeza de la Nación”. El Estado debía brindar asistencia técnica y económica, crear un Centro de Documentación, actualizar las bibliotecas, realizar censos, promover la importación de conocimiento mediante congresos, publicaciones, intercambio de información y de personal; crear cargos de agregados científicos y técnicos en las representaciones argentinas en el exterior (en aquellos países con mayor actividad CyT); etc. (Scalise, Iriarte, s.d).

Además, se detalló la función social de la CyT, al considerar que el conocimiento de la ciencia y la técnica es un bien individual y social dado que no solo interviene en su creación el esfuerzo personal sino el sacrificio social, económico y político de la comunidad. Por lo tanto, el Estado debía promover la investigación en tanto sea útil al bien común, y fomentaría la creación de una conciencia CyT nacional que contribuyera a la cultura nacional, la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.  La investigación básica debía ser apoyada desde el Estado dado que constituye el fundamento de las investigaciones técnicas útiles al Pueblo y la Nación, y que es un capital científico que todo país debe tener.  Las investigaciones serían auspiciadas, promovidas y realizadas según un sistema de prioridades fijado por el Poder Ejecutivo. Este fue aplicado a los efectos de la distribución equitativa de la asistencia técnica y económica (Scalise, Iriarte, s.d).

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Reflexiones Finales

En la anterior columna reflexionamos sobre el rol de la CyT como herramientas de dominación internacional.  La División Internacional del Trabajo limita a nuestro país a una condición de producción y consumo funcional a los intereses de la potencia. Por ello, la diversificación de la matriz productiva y de los vínculos comerciales permite reducir la dependencia y para ello es fundamental la industrialización. El conocimiento científico y tecnológico es un pilar básico para la generación  de valor agregado en la cadena productiva.  Las potencias intentan históricamente  evitar el avance de la CyT en los demás países, y esto pudo verse en Argentina, por ejemplo, en las restricciones de Chapultepec; la negación de visado a científicos alemanes como Heisenberg; etc.

El peronismo percibe que el conocimiento científico y técnico es una vía para disminuir la brecha internacional. Considera que todos los países, más allá de su jerarquía, deben acceder a la transferencia de conocimiento y deben trabajar por su desarrollo local. Una de las cuestiones más llamativas del interés por la transferencia internacional de conocimiento es la creación de agregados CyT en las representaciones argentinas situadas en los países más desarrollados en esa cuestión.

Se reconoce la autonomía universitaria y la libertad del ejercicio de la ciencia, pero se la limita mediante una función social, derivado del presupuesto de que el avance del conocimiento no solo es fruto del esfuerzo personal sino del sacrificio de la comunidad. Por lo tanto el Estado sólo financiaría investigaciones que respondan a la búsqueda del bien común.

El fin de la CyT está intrínsecamente vinculado al desarrollo y la mejora de la calidad de vida. El desarrollo económico es el objetivo fundamental dada la condición de dependencia económica latinoamericana; pero al aspirar, por ejemplo,  a la inclusión social, la redistribución o la mejora de la calidad de vida del Pueblo, podemos ver que se trata de una concepción de desarrollo que trasciende la generación de riqueza y abarca cuestiones sociales, culturales, políticas, etc.

El acceso al conocimiento es un derecho reconocido constitucionalmente por Perón. Por ello se unifican las condiciones de ingreso a la universidad, se establece la gratuidad y las becas universitarias. El conocimiento está vinculado con el trabajo puesto que apunta a la cualificación de la mano de obra, para dar mayor valor a la producción.

La valorización de lo nacional se evidenció, por ejemplo, en la disposición constitucional según la cual las Universidades debían tener un rol activo en la preservación y promoción de la cultura local. También se estableció la federalización universitaria para compensar la asimetría y evitar la fuga de mentes de regiones periféricas del país. Es decir, vemos una coherencia en cuanto a la percepción de que era necesaria una redistribución tanto de la riqueza como de los instrumentos para su generación (como la CyT), y esta redistribución debía respetar las desigualdades regionales y sociales.

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Fuentes

Documentos

  • Constitución Nacional de la Nación Argentina (1949) Consultada (19/05/2014) en http://www.generalperon.com/constitucion%20nacion%20argentina%201949.pdf
  • Mensaje del Presidente de la Nación Argentina General Juan Perón al inaugurar el 85° Período Ordinario de Sesiones del Honorable Congreso Nacional. I. Conceptos Doctrinarios. Buenos Aires, 1 de mayo de 1951.

[1] Ibarra, Natasha (2014) La Ciencia y el Peronismo: Historia de un Amor prohibido. En Ciencia y Tecnología, Página popular. 30/04/2014 http://www.paginapopular.net/la-ciencia-y-el-peronismo-historia-de-un-amor-prohibido/

[2] CNEA (s.d) ¿Qué es la CNEA? Historia. Consultado (20/05/2014) en http://www.cnea.gov.ar/que_es_la_cnea/historia.php

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