Google, Perón y la globalización

Google, Perón y la globalización

Mucho se ha escrito acerca de los aspectos más dramáticos de las actividades de la CIA y, sin embargo, poco se ha hablado de su joya más preciada: su programa de guerra psicológica y cultural.

Hoy, después de décadas de perfeccionamiento, los programas de la CIA siguen basándose en la «bajada cultural» desde los falsos popes construidos desde los medios de comunicación Cut & Paste globalizados, realimentados y sintonizados por el inmenso volumen de datos y metadatos que los ciudadanos digitales les ofrecemos alegre y cotidianamente a las redes sociales imperialistas.

La “forma de propaganda más efectiva”, sigue siendo aquella en que “el individuo actúa en la dirección en que el imperialismo y sus socios locales esperan, por razones que creía eran las suyas propias”. De este modo, votan y a sus victimarios y aún ante la tremenda evidencia de sus saqueos que perpetran, el desprevenido pide tiempo para que el verdugo siga afilando el hacha con que lo inmolara en el tajo.

Hacia fines de los años 60, La CIA pasó de ser una agencia de inteligencia de existencia prácticamente secreta a ser la más vituperada de las organizaciones al servicio del poder imperial norteamericano, su complejo militar industrial y sus corporaciones multinacionales. Sus operaciones a lo largo y ancho del mundo dejaron de ser invisibles y fueron ampliamente documentadas y denunciadas.

Gran parte de las operaciones de la CIA, consistían y consisten, tanto en asesinatos selectivos, atentados de falsa bandera, secuestros y extorsiones a líderes políticos y sociales contrarios a la hegemonía norteamericana, cómo y muy especialmente a operaciones de honda raigambre en la conciencia popular,  el gobierno de los Estados Unidos destinaba vastos recursos a su propio programa de guerra cultural. El modus operandi: invisibilizar la existencia de esa guerra y de todos y cada uno de sus programas.

Como dijera uno de los estrategas de la Guerra Fría: “La manera de lograr una eficiente labor de propaganda, es que parezca que no hay labor de propaganda alguna”

Reproduzco lo expuesto por Fances Saunders una de las investigadoras mas reconocidas acerca de este tema: Esta campaña, que en su momento cumbre disponía de inmensos recursos, no estaba dirigida a las masas, sino a la inteligentsia; debía funcionar desde arriba hasta la base. Al dirigirse a las elites culturales buscaba efectuar un cambio permanente con respecto a la política exterior de los Estados Unidos, de un modo políticamente correcto. Sería la intelectualidad de Europa, África, Asia, y América Latina, quien directa o indirectamente influiría en las actitudes de quienes tenían el poder en las manos. Tal como me explicara un oficial de la CIA, “lo que la Agencia se proponía era formar personas que, a partir de sus propios razonamientos, estuvieran convencidas de que todo lo que hacía el gobierno de los Estados Unidos era correcto”.

Sin embargo hoy, el cuasi monopolio de la CIA en el desarrollo e implementación de dichos programas de manipulación y control de masas se encuentra hermanado a otro monopolio tal cómo lo describió Julian Assange:Hay en el horizonte un nuevo monopolio mucho más poderoso, señaló, y citó a Google, la empresa dominate de Internet que hoy en día controla el 80 por ciento de la información que fluye a través de los teléfonos inteligentes.

Describió a Google como parte integral del Estado en el gobierno de Washington. El presidente Barack Obama y Google se han ido a la cama juntos, dijo. Recordó que Eric Schimdt, alto ejecutivo de Google, a quien Assange entrevistó  para Wikileaks antes de que la persecución judicial en su contra lo forzara a pedir asilo en la embajada Ecuatoriana en Londres, es la cara que mas asiduamente reconocen los algoritmos de reconocimiento facial de la Casa Blanca.Prácticamente cada semana está ahí.

Esta integración de Google a la administración, explicó, es parte de un proceso secreto del Estado estadunidense de entregar sus estructuras a corporaciones privadas. Lo bautizóla excepcionalidad de Estados Unidos.

Citó un ejemplo contundente. El control de la seguridad nacional estadunidense, el corazón mismo del Estado, ha sido concesionado a empresas privadas. En los años 90 Washington había firmado convenios con cerca de 10 corporativos dedicados a distintas especialidades de seguridad. Hoy tiene sucritos más de mil 100. Es decir, 85 por ciento del enorme prespuesto estadunidense dedicado a la seguridad va a parar a las cuentas de estas empresas particulares.La frontera entre el Estado y estos corporativos se está diluyendo.

Esta «exepcionalidad» puede verse extendida hoy por hoy a la República Argentina, dónde el gobierno de la Corporación Cambiemos, firmó un preacuerdo con Facebook para la implementación del sistema Facebook at work para la administración y gestión de toda la información del estado nacional, con las nefastas consecuencias e implicancias que eso traería.

Desde el momento en que Google administra el 80% de los datos del mundo, desde el momento en que sus algoritmos de búsqueda están fuera de cualquier control estatal y desde el momento que Google y otras Corporaciones participan de la orgía incestuosa entre el gobierno norteamericano y los servicios de inteligencia, podemos inferir que en los próximos años la soberanía de nuestros pueblos, su libertad, su conciencia quedarán amenazadas definitivamente por este sistema perverso, intrincado y demoledor.

Si Google así lo quisiera no existiría más un sólo dato acerca por ejemplo de Juan Domingo Perón ( es decir dejaría de estar accesible para los internautas,sin necesidad de destruir los datos o los servidores donde los mismo residen), o bien podría remitirnos a contenidos que desvirtuaran la verdadera historia del gran líder de nuestra patria, o de otras….

Valga el ejemplo siendo cómo fue Juan Domingo Perón uno de los primeros líderes en hablar, de continentalismo, de bloques regionales y aún de globalización integral planetaria ( universalismo).

Los políticos de la izquierda emancipadora, los del campo popular, suelen ser menos proclives y receptivos en general al uso de las redes sociales en la labor política y están a partir de esta actitud rayana a la miopía, cediendo un campo enorme de ventaja a las Corporaciones, el imperialismo y aún a las minorías de privilegio asociadas en cada territorio.

Algo deberemos cambiar, a riesgo de quedar sumergidos bajos los términos y condiciones que Google o Facebook decidan para nuestras vidas individuales y nuestra existencia como comunidad libre y soberana.

 

Juan Carlos Romero López

Director Editorial

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