Incorregibles

Incorregibles

incorregiblesTenía razón Borges, los peronistas no son ni buenos ni malos, son incorregibles. Claro, esa parte de peronismo que desafía y no que se somete, que también los hay. Mirá el quilombo financiero internacional que está generando este país de cuarta. ¡Habrase visto!

Argentina, país de maradonas y de gardeles, de evitas y de guevaras, país de tango y hasta país de papas. Ahora resulta que después de haber negociado a favor una deuda inconmensurable con más del 90% de los acreedores internacionales, deuda adquirida alegremente con la inestimable ayuda de los carroñeros locales, resulta que en la estacada final de un puñado de bonistas que esperaban volver a poner al país de rodillas, Argentina se rebela. Parece que el “nunca más” no sólo se redujo a los golpes militares, ahora también se traslada a los usureros internacionales, a la timba financiera que tantos rendimientos económicos les proporcionó a los caníbales de siempre sometiendo a países que, corresponde decirlo, es deber que se mantengan en la periferia para el perfecto funcionamiento de un capitalismo cada vez más materialista y salvaje. Pero Argentina volvió a gritar NUNCA MÁS. Esta vez, no.

Cierto es que hoy el país está en una posición muy distinta para atreverse a tamaña osadía. La última vez que un gobierno nacional desafió a los poderes internacionales fue también con otro peronista, Adolfo Rodríguez Saa, que declaró el default alegremente bajo el aplauso de pie del poder legislativo. En lo personal, me pareció un suicidio político y económico que hasta el día de hoy sufrimos las consecuencias. Bravuconadas de un poder ficticio. Remontar esa cuesta de derrumbe nacional por ahora lleva once años. Once años donde sería largo el listado de pasos dados para recuperar credibilidad, pero sobre todo soberanía. Soberanía, algo que todos los gobiernos anteriores vendieron al mejor postor. Tal vez este sea el más grande cambio de paradigma de los últimos tiempos, respetar las reglas de juego sin poner en riesgo nuestra autodeterminación como nación soberana, y sin volver a hacer recaer la fiesta de unos pocos sobre el lomo de las presentes y futuras generaciones.

Si hoy el gobierno puede pararse con firmeza se debe al largo camino andado desde el 2003 a la fecha. Un camino de reconstrucción económica hacia el exterior, rearme del tejido social absolutamente desgarrado y crecimiento interno. Vale decir que hoy sí tenemos una red de sostén para los nuevos desafíos que de ninguna manera teníamos en el 2001. Más aún, por momentos pareciera que hay más credibilidad y confianza externa que interna. A muchos los atemoriza y apabulla el escándalo que está generando un 1% de bonistas y un juez desquiciado. De ese brebaje paralizante ya no beberemos, afortunadamente. Hay una presidencia y un ministerio de economía con firmeza, argumentos y convicciones para no volver a caer en los errores del pasado, pero también hay un mundo resquebrajado al que le ha llegado la hora de replantearse algunas cuestiones que hacen a su supervivencia.

De manera tal que a no tener miedo, a no confundirse, a no abrumarse por la cantidad de información alarmante, hay con qué y hay cómo salir de este nuevo atolladero que para algunos sería fantástico que se transformase en un abismo. Pero no hay chance. Y cerramos como abrimos, no sé si el peronismo será incorregible o no. Pero sí sé que éste peronismo está recuperando soberanía y dignidad. Un peronismo del que Evita estaría orgullosa.

Califica esta publicación

Comentarios

comentarios