JUANA AZURDUY Por Fernando Abel Maurente

JUANA AZURDUY Por Fernando Abel Maurente

1862, los “patas blancas”* gobernaban desde Buenos Aires. Mitre iniciaba su dictadura por seis años, que los “historiadores” llaman presidencia de Mitre. Mayo 25, Jujuy. Esa anciana que era enterrada en una fosa común, era la generala Juana Azurduy. Tenía 82 años. La oligarquía maléfica había condenado a aquella mujer a la peor de las muertes, el olvido.

Abriendo paréntesis
Es fundamental antes de continuar con el relato hacer algunas observaciones acerca de Juana Azurduy de Padilla y la lucha de las mujeres en la América Criolla: en primer la diferencia de la lucha en nuestra Patria Grande y las mujeres en la Europa del siglo dieciocho y diecinueve. Las mujeres europeas debieron ganarse un espacio junto al hombre que las enviaba a su casa y desconocía su rol de ciudadana en el caso de la Revolución Francesa, con excepción del período conocido como El Terror donde en 1792 se aprobó la ley de divorcio. La burguesía y el anarquismo naciente tenían una paradójica coincidencia, condenaban a la mujer a la formación de ciudadanos revolucionarios como madres. Recien después de 1848 y en la Comuna la mujer pudo ocupar su lugar junto al hombre en las fábricas y en el combate en las calles de París formando batallones suicidas. Pero en nuestra América, la mujer no fue desplazada por el hombre en la lucha contra el imperio español. Luchó junto al hombre desde Micaela Bastidas junto a Tupac Amaru II, Bartolina Sisa junto a Tupac Khatari. Las mujeres combatieron junto al hombre en las luchas independentistas.
Juana y Manuel Asencio Padilla estuvieron juntos en el amor y en el combate. Son inseparables. Construyeron una familia despedazada por la bestialidad de los Ejércitos de Fernando VII. Estuvieron juntos como Simón Bolivar y Manuela Saenz. Combatieron a los godos como lo hicieron miles de varones y mujeres en el Altiplano. Nuestros hermanos los indios, al decir de San Martín, combatieron codo a codo con oficiales criollos. La Patria era una sola.
Que si Juana era Boliviana o Argentina? Dejemos esa discusión para el mitrismo de derecha o de izquierda. Fueron todas estas mujeres fruto de la lucha de la Patria Grande independentista. La República Argentina nace fogoneada por la doctrina Jack (destripamiento de nuestra América) de la diplomacia británica y la desidia del partido de la ciudad de Buenos Aires autosatisfecho con los grandes dividendos que le dejaba la aduana del no-puerto rioplantese porque el puerto recién fue construido por el gobierno de Roca. La alianza pandilla-piratas dejó huérfanos a los patriotas altoperuanos. Juana es pués, una heroína de nuestra Indoamérica.
Juana, nace en el virreinato del Río de la Plata (fundado en 1776, incorporando las mina de Potosí y la ciudad de Chuquisaca, donde estaban los tribunales y la universidad mas importante de América) el 12 de Junio de 1780, año de la insurrección de Tupac Amaru.
Tanto Juana como Padilla pertenecían a familias de hacendados. Su padre Matías Azurduy era un terrateniente y se había casado con Eulalia Bermudez, una hermosa chola nacida en Chuquisaca. A los doce años ingresa al prestigioso convento de Santa Teresa de Chuquisaca de la que es expulsada a los 17 años por su carácter rebelde. Poco después conoce a Padilla que había nacido en el bajo Perú. En 1805, a la edad de 25 años ambos contraen matrimonio.
Ascensio le llevaba seis años a Azurduy, había nacido en 1774 en Chiripina departamento de Chayanta, virreinato del Perú. De adolescente se enrola en Ejército Real y participa en la represión a la insurrección de Tupac Katari. Cuando contrae matrimonio era un joven de 31 años. Comienza a estudiar derecho en Chuquisaca, carrera que abandona para la casarse con la que fue la mujer de su vida hasta su muerte en combate intentando salvar a su pareja que estaba herida.
El 25 de Mayo de 1809, si bien no participan de la insurrección popular en Chuquisaca, siendo Manuel alcalde de Matamoros no provee de vituallas al ejercito represor que pasa por una de sus haciendas. Era, sin duda, tomar partido por el bando independentista en el que ya participaba el joven Monteagudo repartiendo volantes que decían “Abajo el mal gobierno, viva el Rey Fernando”. Claro, aun FernandoVII era el deseado, no el indeseable que volvió en 1814 de su prisión de máxima comodidad en Bayona y anuló la Constitución liberal de 1812.
Invierno de 1810, un hombre de civil exige al máximo a su caballo, lo siguen otros uniformados. Es el Dr. Castelli quien luego de recibir instrucciones del secretario de la Junta Revolucionaria de Buenos Aires, otro abogado, Mariano Moreno, avanza para hacerse cargo del Ejército Auxiliar del Norte. Tenía instrucciones del secretario Moreno de hacer justicia revolucionaria con aquellos que habían ahogado en sangre la rebelión de 1809. Su fogoso convencimiento pone inmediatamente de lado de la causa revolucionaria al matrimonio Azurduy-Padilla. Juan José visita las haciendas Yapiri y Yrubamba propiedad de Juana y Manuel. En Setiembre de 1810 Padilla es designado por Castelli jefe político-militar de Chuquisaca, Cochabamba y Santa Cruz. No están solos, los acompañan 2.000 combatientes indios.

De Suipacha a Huaqui
Es esencial que aquí abramos un paréntesis para subrayar a nuestro lector, que los combatientes independentistas del Altiplano tenían un doble enemigo. Efectivamente. Por un lado los ejércitos fernandianos y el peor al sur, en Buenos Aires. El peor enemigo estaba en la retaguardia donde los patriotas libraban una desigual lucha contra la burguesía comercial porteña interesada en hacer negocios con los ingleses y abandonar la lucha independentista. Mientras no lo pudo hacer enviaban a sus representantes militares embebidos de la soberbia porteña.
En noviembre de 1810, Castelli derrota en Suipacha a otro criollo, el general Goyeneche. El abogado porteño tenia instrucciones de avanzar hacia Lima. Pero en Buenos Aires, su amigo y camarada Mariano Moreno sufre en diciembre de 1810 una derrota política que lo obliga a renunciar. El nuevo hombre fuerte, representante de los intereses de los comerciantes porteños, es Rivadavia aliado en esos instantes con el Dean Gregorio Funes y Saavedra que ordenan congelar el avance y firmar un armisticio con Goyeneche, armisiticio que sirve a los realistas para recomponerse y romperlo antes de tiempo. Juana y Padilla colaboran con Castelli.
El Ejercito de Castelli es derrotado en Huaqui, un verdadero desastre. Junio 20 de 1811. El jacobino porteño ya no cuenta con su camarada en Buenos Aires, envenenado en su viaje a Londres. La oligarquía se sacaba de encima la principal piedra en el zapato.
Despues de Huaqui, Goyeneche ofrece al matrimonio Azurduy-Padilla un indulto y un empleo público para ambos. El compromiso de hierro asumido con la causa independentista en decide a ambos a no aceptar el ofrecimiento y entonces sus haciendas son confiscadas por el ejercito godo.
Tras la derrota de las fuerzas patriotas en la batalla de Huaqui el 20 de junio de 1811, el ejército del virrey del Perú, al mando de José Manuel de Goyeneche, recuperó el control del Alto Perú. Las propiedades de los Padilla, junto con las cosechas y sus ganados, fueron confiscadas; asimismo, Juana Azurduy y, en ese entonces, sus cuatro hijos fueron apresados, aunque Padilla logró rescatarlos, refugiándose en las alturas de Tarabuco.

En 1812 Padilla y Juana Azurduy se pusieron a las órdenes del general Manuel Belgrano, nuevo jefe del Ejército Auxiliar del Norte, llegando a reclutar 10 000 milicianos. En silencio y con dolor, con lágrimas en los ojos, pero decididos, los hombres y mujeres de Jujuy prendieron fuego a sus casas. El Exodo había comenzado. Juana se sumo a él con sus guerreros del altiplano. Belgrano evitó que los irregulares entraran en combate y solo cumplieran tareas logísticas. El porteño abogado tenia ciertos reparos. Juana tuvo con el Batallón Leales un rol excepcional en Ayohuma. El joven general reconoce su soberbia, pide disculpas a Azurduy y le regala su sable.
Ante la derrota el Ejército Auxiliar debe replegarse. Juana se pone a las ordenes del general Eustaquio Díaz Velez a cargo de la retaguardia , un moreniano que luchó a las ordenes de Castelli. En Mayo de 1813 Díaz Velez entró triunfalmente en Potosí. Allí Juana y sus hijos se reencuentran con Padilla.

Las Republiquetas
El Altiplano queda entonces en manos de un grupo de oficiales criollos y de miles de indios comprometidos con la Independencia. Allí nacen las Republiquetas, núcleos de resistencia que aplica la guerra de guerrillas. Chuquisaca, las selvas de Santa Cruz y la cordillera de los Frailes fue una extensa zona de resistencia que comprendía varias poblaciones como Mojotoro, Presto, Yamparaez, Tarabuco, Pomabamba a cargo de Azurduy y La Laguna con la jefatura de Padilla. Serán los oficiales Ignacio Warnes, Juan Antonio Alvarez de Arenales héroe del 25 de Mayo de 1809, Vicente Camargo, José Miguel Lanza y el padre Ildefonso de las Muñecas algunos de los jefes de esos núcleos guerrilleros. El compromiso independentista de estos jefes no dejó lugar a dudas: de un centenar de caudillos, solo, al término de la guerra sobrevivieron nueve. De la desidia y soberbia porteña tampoco quedaron dudas. En un documento escrito por Miguel Padilla sobre el general Rondeau, el jefe altoperuano se quejará de “la desconfianza rastrera de Buenos Aires”
Esto merece otro paréntesis. Para el general Mitre en la Historia de Belgrano, en su capitulo 33, hará un comentario interesante resaltando las Republiquetas, solo lo hará como militar desde el punto de vista bélico. Como político nada dirá que estos núcleos de resistencia guerrilleros fueron abandonados a su suerte por los gobiernos porteños. Esperaban las Republiquetas ser unificadas por el sur, pero la unificación vino del norte, a partir de 1824, con el triunfo del mariscal Sucre en la batalla definitiva de Ayacucho. Vayamos a los comentarios del jefe del partido de la ciudad de Buenos Aires:
Bartolomé Mitre en su “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina”, que lleva por título “Las Republiquetas”, se refiere a estas circunstancias de nuestra Historia. La palabra republiquetas suena hoy con un matiz peyorativo, pero no lo tenía en tiempos en que Mitre trató el tema diciendo: “Nos referimos a las insurrecciones populares del Alto Perú, que han pasado a la historia con la denominación de Guerras de las Republiquetas, que les dieron sus contemporáneos, para distinguirlas de las Montoneras en la República Argentina”. Hoy, en un lenguaje político contemporáneo, podría usarse la palabra “republiqueta” como sinónimo de “zona liberada”. Mitre agrega enseguida: “Es ésta una de las guerras más extraordinarias por su genialidad, la más trágica por sus sangrientas represalias y la más heroica por sus sacrificios oscuros y deliberados. Lo lejano y aislado del teatro en que tuvo lugar, la multiplicidad de incidentes y situaciones que se suceden en ella, fuera del círculo del horizonte histórico, la humildad de sus caudillos, de sus combatientes y de sus mártires, han ocultado por mucho tiempo su verdadera grandeza, impidiendo apreciar con perfecto conocimiento de causa, su influencia militar y su alcance político”.

De estas guerrillas, en general se resalta la figura de Azurduy, y no se está haciendo honor a la verdad. En marzo de 1816, pocos días antes de iniciarse el Congreso en Tucumán, en las cercanías de Villar, territorio altiplánico, Juana y treinta de sus guerrilleros entre los cuales seis eran mujeres puso en retirada a una fuerza realista superior en hombres. Le quitaron el estandarte y seis fusiles. La fuerza enemiga estaba al mando del general español La Hera. El 8 de Marzo Azurduy toma el cerro de Potosí. El general Pueyrredón designado como Director Supremo en el Congreso de Tucumán firma un tiempo después el decreto donde la asciende a Teniente Coronel.

Ultimo acto de amor
El 14 de Noviembre de 1816, Padilla realiza su último acto de amor hacia Juana. Esta había sido herida por el enemigo godo. Intenta rescatarla, cosa que logra, es herido de muerte. El dolor terrible que implica la muerte de su compañero de vida no postra a Juana, al contrario. Muerto su marido se incorpora a las huestes del General Guemes, hasta 1821 en que el salteño muere desangrado en brazo de sus amados gauchos. La misma oligarquía salteña que había intentado derrocar a Guemes con la Revolución del Comercio entrega al caudillo de los pobres a partir de una infidencia al ejercito enemigo y es herido en la espalda cuando huía a caballo de la casa de Macacha, su hermana.
Luego de Ayacucho, en 1825, el Libertador visita el Altiplano y conoce personalmente a Juana y la asciende al grado de coronel. Y empieza a recibir una pensión, pensión que durará poco porque Bolivar fallece en Santa Marta en 1830. La combatiente y brava Azurduy es sometida por los distintos gobiernos a la indigencia total. Había dado su fortuna, sus haciendas, dos de sus hijos, su marido a la causa de la Revolución, sin pedir nada a cambio. Solo poder comer.
“Este país no debería llamarse Bolivia en mi homenaje sino Padilla o Azurduy porque son ellos los que lo hicieron libre” comentó Simón Bolivar al mariscal Sucre.
La Revolución Iberoamericana está inconclusa como inconclusas están nuestros héroes, hombres y mujeres que regaron con pasión y con sangre nuestra tierra irredenta

*Se les llamaban asi porque los ejércitos porteños llevaban polainas blancas.

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