La increíble y triste historia del niño emperador y su vice desalmada.

El presidente Macri no está acostumbrado a obtener un NO como respuesta.

Toda su vida transcurrió entre empleadas domésticas que poco menos le daban la comida en la boca y lo protegían de cualquier fatiga excesiva.

El presidente Macri, como todo hijo de nuevo rico, gozó de los privilegios de la impunidad social a los que están acostumbrados los de su clase. Seguramente jamás tuvo que coser un botón, lavar un plato, planchar una camisa, ajustar un picaporte o pintar un cielo raso.

Estamos gobernados por un niño emperador que ha decidido resolver los conflictos con su padre a través del sillón de Rivadavia, quien ha decidido mostrar su “capacidad” intentando gobernar un país repleto de ciudadanos que se resisten a ser víctimas de esa disputa intrafamiliar; aquí comienza la tragedia del señor presidente.

Su papá nunca creyó en él, y ese descrédito acabó en el desasosiego que hoy vive la nación Argentina.

Los padres de clase media suelen regalar cuando pueden un auto a sus hijos. Don Franco le regaló una fábrica de autos, y Mauricio la chocó. Se llamaba Sevel y desde entonces Don Franco ha dejado de confiar definitivamente en la capacidad de su vástago.

Pero Mauricio no cesó en sus caprichos y de la mano de Carlos Menem ingresó a la política guiado por poderes muy superiores a él, que lo erigieron como la perfecta metáfora del tilingo y tarambana, el Isidoro Cañones que todo argentino “canchero” aspira a ser.

Detrás de escena, el departamento de estado norteamericano le proporcionó asesores y recursos de todo tipo, incluso a uno de sus operadores mas brillantes, el estratega Jaime Durán Barba con todo el andamiaje de las más exquisitas técnicas de psicopolítica de los servicios de inteligencia del imperio.

Se armó un gran dispositivo mediático-deportivo, pan y circo para los pobres de la patria y de la mano de Carlos Bianchi, se forjó la imagen de un gestor eficiente que nunca jamás fue. Llovieron títulos para Boca Juniors, entre contratos escandalosos, extrañas transacciones y manejos turbios de personajes siniestros en las inferiores del club. El Grupo Clarín y sus paramilitares mediático-deportivos hicieron el resto del trabajito de “imagen”.

Y al fin llegó a la presidencia, perdón, quise decir a la guerra. La guerra que inició contra los pobres al eximir a los señores gordos del campo de sus impuestos y hacérselos pagar a los jubilados, las Pymes, los clubes de barrio a través de tarifas irracionales, tarifas que sólo se entienden teniendo como ministro de Energía a un accionista de la empresa a la que él mismo ordena comprar el gas desde su puesto en el estado. Incompatibilidad se llama acá y en la China, y en cualquier país serio estaría preso él y quién convalida semejante aberración.

Los primeros meses todas fueron mieles para el CEO de la Corporación Cambiemos, encarceló a Milagro Sala sin causa alguna, calmando la dosis de racismo explícito que necesita cierta parte de la sociedad argentina, disolvió todas y cada una de las conquistas soberanas, implementó un estado cibernético – policial, en el que el que piensa distinto es purgado del estado o perseguido en Tribunales, devaluó, favoreció a los ricos, canceló la mejor ley de la democracia, la Ley de Medios, etc, etc. Para completar diseñó un gigantesco saqueo que la gente de a pie identificó como TARIFAZO:

Cómo el pueblo argentino no es muy afecto a la ingesta de vidrio, nuevamente como tantas otras veces salió a la calle, se formaron multisectoriales, ruidazos, acciones creativas de todo tipo, al punto que ese mal humor social fue interpretado por los cortesanos y por una vez le fallaron en contra al niño emperador.

Hoy están en un serio problema, no pueden volver atrás sin mostrar debilidad política, tampoco pueden avanzar con las tarifas impagables sin que se les incendie el país.

Esto complica a Michetti.

Cómo si esto fuera poco aparecieron unos bolsos con guita de dudoso origen en la casa de la Vice, esa vicepresidenta díscola a quién jamás quisieron en Cambiemos salvo por serles funcional a una construcción de chica buena de colegio privado, que ademas se sobrepone a su tragedia personal.

No la quieren, jamás la quisieron, jamás soportaron sus desplantes y su intento de vuelo propio.

Las usinas creativas de Durán ya diseñan la salida de Gaby cómo una forma de descomprimir la encerrona, intentan mostrar la “transparencia” de un gobierno capaz de arrojar escaleras abajo al funcionario que meta la mano en la lata. Claro que por el momento se están olvidando de las cuentas off shore del señor Presidente y su nunca aclarada procedencia.

 

Juan Carlos Romero López

Director Editorial

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