La Princesa Aniram y la mística de los rulitos universales (Leyenda Patagónica)

La Princesa Aniram y la mística de los rulitos universales (Leyenda Patagónica)

descargaEn el tramo de la ruta entre Gualjaina y Paso del Sapo hay un desvío, una pequeña huellita señalada por un escarabajo gordo y gruñón que canta operas de Maras y Neneos ancestrales.
Sólo los verdaderos Poetas, las Abuelas que aun cuentan cuentos y cocinan buñuelos con dulce de leche y los suplentes del equipo de bochas de Gualjaina tienen el don de ver al insecto cantor y por lo tanto de tomar el desvío.
Esa senda hereje conduce hasta un pequeño Principado ubicado en la copa de un sauce llorón. Oculto entre el frondoso follaje. Lo habitan libélulas japonesas que recitan haikus de atrás para adelante, lechuzas sin dientes que leen la borra del atardecer en el firmamento y seres que no se han atrevido a trazar los libros ni a albergar la historia oficial.
El bendito lugar es el hogar de Aniram. Princesa de los Coirones y del Viento patagónico.
Aniram tiene en sus ojos el reflejo de los mares profundos que antaño lamían estas tierras, la elegancia de la Mutisia que conquistó al Sol y la sonrisa de la caricia de un colibrí multicolor y viajero. Pero la verdadera magia de la Princesa, cuentan los Teros ancianos, está en cada uno de los rulos que alborotan su cabecita y que juntos tejen la mística del Universo.
Según las escrituras de los surcos de los arroyos sin agua, cierta tarde de los siglos sin tiempo, la luz del día fue testigo del nacimiento de un Rulito distinto a los demás. Inquieto, loco y juguetón. Brillaba con una luz que las propias Luciérnagas envidiaban. No sabía la Princesa que había sido un error de los engranajes del reloj de arena cósmico, manejado por los Duendes nórdicos, el tiempo en que aquel Rulito debía venir a iluminarnos con la sabiduría de las estrellas y las constelaciones.
Entonces, en una noche de lagrimas de Rocío y Sauce, la Princesa dejó en libertad al Rulito a orillas del Río. Dio unas volteretas alrededor de los demás rulos que adornan el rostro de Aniram y subió hasta los cielos para estudiar las tradiciones orales de los Cometas, para regresar cuando los Duendes del tiempo lo establecieran.
Por suerte, no pasaron muchas lunas y soles hasta que una Avutarda viejita, bruja y adivina de las almas guerreras y sensibles de la Patagonia, se arrimara hasta el Sauce de la Princesa Aniram. Le entregó tres frutos a la Princesa:
un calafate, una grosella y un corinto.
Dijo la venerable anciana que los comiera una noche de luna creciente y rezara al Choike las oraciones que traen vida, luz y las buenas noches a los que lloran melancolía de los seres queridos que han dejado su ausencia.
Fue así que, una noche con la luna dispuesta según la Avutarda sabia, la Princesa se sentó a orillas del río, comió los tres frutos y orando al gran Choike pidió por las almas que dejaron demasiado pronto su cabellera, su aldea mágica de rulos.
Luego de varias estrellas fugaces, de repente, una pareció descolgarse de la sábana negra e inquieta y dando firuletes en el cosmos, descendió hasta la meseta Patagónica, precisamente a orillas del río donde oraba la Princesa. Planeando suavemente, el Rulito se posó en un lugar privilegiado entre todos los Rulos y, sin palabras ni sonido, le murmuró a Aniram:

“Discúlpame por haber viajado tan pronto, se que me lloraste. Te extrañé mientras aprendía a leer el Universo y, aunque vine como un nuevo Rulo, soy el alma del Rulito que vos abrazaste, cuidaste y tuviste que darle libertad allá atrás, donde descansan los ayeres”.

La Princesa Aniram sonrió con las Mutisias y bailó con los Guanacos y las Liebres la Danza del amor entre la Felicidad y el Infinito.
Hoy, los Poetas que amamos la meseta patagónica y que aún creemos en la Magia y la sabiduría de los Neneos viejos, solemos tomar el desvío del camino entre Gualjaina y Paso del Sapo, cuando vemos y escuchamos cantar al gordo escarabajo, y llegamos hasta el gran Sauce llorón que besa de lágrimas bellas el romance del agua del Río bravo.
Cuando es de noche esperamos en silencio la Luna que es cuando la Princesa Aniram sacude su cabellera con alegría y sus Rulitos suben a juguetear en las altas alturas en forma de estrellas que es como nosotros percibimos.
Mientras los Rulitos Universales juegan en la noche, la Princesa Aniram ríe.
Entonces soñamos la Vida. Vivimos el Sueño.
Simplemente, Somos, gracias a la Mística de los Rulitos Universales.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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