Los analfabetos políticos

Los analfabetos políticos

Los analfabetos políticos que hablan desde la apología del odio conforman absolutamente el mismo mecanismo siniestro de los brazos ejecutores del mal.

¿De qué lado están realmente aquellos que representan impunemente esa esfera política que se cierra de izquierda a derecha? Los regímenes totalitarios son apoyados por los condescendientes, por los cobardes, por estos débiles especímenes que repiten como idiotas sin elaboración y sin memoria. Como dijo Thomas Mann, «la tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad» Hay una maldad soberbia disfrazada de idiocia que apunta meramente a la tergiversación de los hechos, engendrando lo erróneo: la protección inútil del tilingo. La crítica es constructiva cuando proviene del raciocinio, de la coherencia, o desde el enojo visceral en pos de las causas justas.

Las derechas y las izquierdas se desnudan en el accionar cotidiano. Las personas que no opinan sobre política y se jactan de «apolíticas» encarnan una paradoja existencial. No hablar de política es un hecho político: la psiquis apunta siempre hacia determinada ideología, es imposible carecer de ella, es una mecánica que se dispara mediante los pensamientos constantemente. Hacer política también es replantearnos nuestras capacidades intelectuales, nuestros errores y saber que la vida y el mundo no es una tira de historieta: aquí no hay héroes. Aquí hay hombres que se equivocan y hay que acompañarlos o bien seguir otro camino, hay que optar y ver qué límites tiene cada uno, saber muy bien donde ha quedado la moral, la ética, la coherencia y los valores originales. Tener interés por la política es el primordial instrumento: La democracia nos da la posibilidad de elegir, pero…¿dónde están las herramientas que permiten que esa acción se lleve a cabo no por impulso ni obligación sino por fuerza de convicción e inteligencia? No olvidemos que una de las características típicas del idiota útil -oxímoron acertado- es ser funcional al ego de un loco. A cualquier precio. Aún hoy día habitamos los vejámenes a posteriori que nos dejó la última dictadura cívico-militar, encarnamos el desastre del proceso económico de los noventa que llevó a este país a la ruina; Erigir este país supone una ardua tarea, porque la dictadura militar arrasó no sólo con las vidas de nuestros compatriotas, sino también con las conciencias y las subjetividades. «Elegir» no es una palabra chirla. Hay que tratar de hacer lo posible por no caer ni en la idiotez, ni en la soberbia, ni en ese límite en el que ambas asimetrías se cruzan y a tan crudas consecuencias conllevan. No debemos olvidar que con el posado y mediocre discurso antipolítico sumado a nuestro desinterés social, sólo aceleraremos el retorno a escenarios dantescos. El analfabetismo político hace a la complicidad, al vejamen estructural y a los desastres más potentes; a nivel macro los genocidios más grandes de la humanidad han surgido gracias al apoyo consciente e inconsciente de analfabetos políticos, de la debilidad de los pueblos sin conciencia. Teniendo eso en claro ejercitaremos la congruencia en el tiempo. Desde nuestras lecturas, nuestras acciones, y sobre todo desde nuestra avidez de conocimientos hacemos política cotidianamente nosotros, los que estamos de este lado. El conocimiento nos posibilita ver los matices y discutir: adquirir una semejante oportunidad de «distanciarse» de una situación para ganar un punto de vista objetivo sobre ella. Ejercitar la memoria es un rasgo fundamental para establecer una coherencia en presente y futuro. Si unimos todas esas partes, es decir, todas las partes que conforman al todo, la victoria tal vez sea por fin un hecho posible.

“El tiempo antiguo estaba regido por el pasado: la tradición era el arquetipo del presente y del futuro. El tiempo moderno siente el pasado como un fardo y lo arroja por la borda: esta imantado por el futuro.” – Octavio Paz, “Corriente alterna”-

 

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