Un rescate necesario: “Pelo, la biblia del rock”

Un rescate necesario: “Pelo, la biblia del rock”

Cuando los que tenemos ya medio siglo recordamos las épocas de la última dictadura y tratamos de rescatar aquellas cosas que nos liberaban de un país gobernado por asesinos apelamos a ciertos productos marcados por la época. Estoy hablando de aquellos que como canta Charly García, crecimos con Videla. Hubo otras vivencias, gente clandestina, gente que se fue y militantes que hacían lo que podían pero los que llegamos a la adolescencia con los tanques ocupando los calles y no teníamos una familia con historia en la política tuvimos que crecer a tientas. En ese intento hubo que aferrarse a lo que había eludiendo todo lo que fuera el caretaje de la época. No era fácil pero entre las revistas Humor, El expreso imaginario, algunas experiencias radiales sueltas en distintas señales y en horarios raros o el rock, que en esos años era marginal, uno se iba contra educando frente a lo que era la cultura dominante de la época en la que ya brillaba gente que uno ya estaba harto de ver dando vueltas como Sofovich o Mirtha.
Ese listado de cosas que nos hacían bien como al fantasma de Canterville que cantaba Gieco escrito por, otra vez, García hay una revista que solemos ignorar, “Pelo”. Es casi lógico, “Pelo” no era una revista libertaria y caótica como “El expreso imaginario” donde el idealismo de los últimos hippies se fusionaba con el escupitajo punk o el tomatazo frontal que le encajaron a Travolta en una tapa en las épocas de “Fiebre de sábado por la noche”. “Pelo” era sólo de música, de actualidad discográfica, ahí seguramente nos enterábamos de la existencia de Steely Dan pero para saber de que trataba su música había que ir a “El expreso imaginario”. Sin embargo había detrás de esa revista aparentemente inocente algo más y eso es lo que viene a rescatar un libro que se hace necesario leer para entender la importancia de aquella revista.
“Revista Pelo, la biblia del rock” se llama el libro escrito por Juan Manuel Cibeira que viene a dejar en claro algunas cosas. Lo primero que hay que tener en cuenta es que al momento de editar “Pelo” su creador Daniel Ripoll llevaba años participando de proyectos editoriales ambiciosos como la revista “Pin up” donde convivían de todos los estilos musicales y de soñar con trasladar algo del ideario contracultural del hipismo que se vivía en otros lados del mundo. Daniel Ripoll dice en el prólogo del libro de Cibeira porque “Pelo” se llamó así: Muchos se preguntan hoy cuál es el motivo por el que la revista se llama Pelo. Me pareció que en ese momento era la palabra más contracultural e irritativa y que, por otra parte, significaba la expresión silenciosa y pacífica del deseo de libertad para la expresión y para la individualidad. Tener el pelo largo, o de un modo no convencional, era una forma de resistencia, de decir no, de decir no queremos ser iguales a todo lo instituido”.

Dentro de la hueca cabeza de los dictadores hay cuestiones que no revisten peligro, el director de “Humor” solía decir que el hecho de que los primeros números de la revista haya confundido a los censores que no creían que una revista de “dibujitos” pudiera ser vehículo de ideas “subversivas” para cuando la revista se había instalado como un medio de ideas y de difusión de ideas ya era tarde y se la tuvieron que bancar. “Pelo” con sus notas a los grupos nuevos, sus comentarios de discos y sus posters no podía ser algo que preocupara a los opresores de aquella época. Sin embargo el editor de la revista terminó preso junto a Jacobo Timerman en una historia que merece contarse.

Juan Manuel Cibeira cuenta lo que sucedió en esa ocasión y deja al descubierto un personaje que muchos vieron durante años como uno de lo “buenos” pero parece que Monseñor Laguna también tuvo cosas de que arrepentirse en esos años. En la década de los ’50 los Estados Unidos sufrieron grandes transformaciones y mientras en el congreso perseguían comunistas desde una comisión comandada por un senador fanático en los Kioscos iba creciendo un proyecto arriesgado como “Play boy” y otro más marginal, una revista satírica que no dejaría ninguna tara social o personaje del espectáculo sin criticar. Esa revista se llamaba y se llama aún hoy MAD. Daniel Ripoll el editor de “Pelo” decidió en 1977 comprar los derechos de la publicación y darle trabaja a dibujantes y periodistas que en estaban desocupados desde el cierre de la revista “Satiricón”. MAD comenzó a salir sin problemas hasta que en el número 6 se publica un chiste que provoca la ira de un personaje de la iglesia, que transmite ese enojo al ejército y el asunto terminó con el Gral Camps secuestrando al editor de MAD, Daniel Ripoll que era además editor de “Pelo”. Por suerte para Ripoll la dictadura tenía serios problemas con el gobierno de James Carter y rápidamente las presiones internacionales lograron que el editor fuera liberado y de ahí partiera el exilio hasta poco antes de la caída de la dictadura.

El libro de Cibeira es una mirada retrospectiva sobre la historia de una revista y sobre nuestra propia historia que los rockeros no podemos dejar pasar y los que no lo son harían bien en darle una mirada. Desde los lejanos BA ROCK en el autódromo hasta la visita de The Police cuando era iuna banda en ascenso, la de Queen que fue la primera vez que una banda de rock llegó en el apogeo de su carrera, el ascenso de Serú Girán, el García de los ochenta y la interna de lo que fue el recital de Amnesty International en River con la pelea famosa entre en Springsteen y Charly que se le acercó y le dijo “Acá el boss soy yo” todo está en este libro. Desde Sui Generis y La pesada de Billy Bond tocando en Atlanta para la JP hasta Sting haciendo subir al escenario de River por primera vez a Las madres de Plaza de Mayo. Cibeira fue colaborador de “Pelo” y llegó a dirigirla así que tiene frescas las décadas que abarcó la revista hasta desaparecer cuando los cambios sociales y quizás el hecho de que el rock pasara de los sótanos al hilo musical de los supermercados la hicieron desaparecer.

Lo mejor del libro es cierto tono apagado de la crónica, Cibeira lejos de auto glorificarse actúa como un cronista silencioso
«El secreto fue haber estado ahí. No hay pena ni gloria en eso, simplemente fue haber estado allí. Nos hizo convivir con una época espléndida de cambios profundos, intensos, que luego derivaron en nuevas costumbres sociales y culturales. Ese fue el secreto del suceso de la Pelo, como se la conocía entonces. Estuvo ahí para contarte cómo era la música que escuchabas, quién la tocaba, cómo lucía.
El paisaje era virginal y, de pronto, estábamos contagiados por el poder y la vitalidad que hicieron de los ´70 y los ´80 dos décadas tan apasionantes para vivir” Cibeira estuvo ahí para vivirlo y contarlo. Para que no olvidemos a esa biblia del Rock que fue “Pelo”

«Aborrezco la vida cómoda, burguesa, pusilánime y conservadora. Lástima que yo soy cómodo, burgués, pusilánime y conservador» Geno Díaz

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